Dice Botín, que si los estados pueden quebrar, ¿Por qué no los bancos?. Pues la verdad es que tiene toda la razón del mundo, y es que al final aunque las filiales  aporten casi la mitad del resultado atribuido. Lo cierto es que la banca española sigue siendo española; miles de millones en deuda pública española y una gigantesca deuda inmobiliaria que va a tardar mucho en digerirse.